"¿Estás nerviosa?", me preguntaban varios amigos días antes."Para nada, los más nerviosos son mis papás", les contestaba yo. De hecho, mi papá encargaba un coctel con un mes de anticipación y mi mamá guardaba el arsenal de pañuelitos en su cartera horas antes de la ceremonia.
Encontré demasiado choro ver a mil gente que no veía hace rato... y hasta el trámite de buscar el vestido me entretuvo. Puede sonar medio exagerado, pero gocé estando en Casa Central. Echaba de menos a mi querida PUC y me bajó la nostalgia cuando vi los carteles naranjos enormes de los gremialistas colgados en las paredes... yo hasta el año pasado estaba ahí, tapizada en stickers 1a y cruzando los dedos en el conteo de votos.
Ésa es mi Universidad, con vida universitaria de verdad, con esa fachada vieja que me encanta y la Facultad de Comunicaciones que recuerdo con tanto cariño. No como la UAI que parece clínica, está literalmente en la punta del cerro, donde el vicerector sueña con que los papás sigan participando como en el colegio y con un decano que saca de las listas de centro de alumnos a quienes no tienen buen promedio. Grr! Esas cosas me dan rabia y me hacen querer más a la UC.
Frivolamente hablando, el ambiente es igual y no niego que me siento cómoda. Pero en la PUC cada cabecita tiene muuucho más contenido intelectual... hasta para hablar de ir a shoppinear el finde.
Bueno, ésas supongo que son las diferencias entre estar en una U tradicional y una privada.
Lo otro es que como soy novata en la UAI (otro término PUC, me niego a decir "mechona") tengo casi puros compañeros que salieron el año pasado del colegio. Ya estaba acostumbrada y cero problema, pero después de estar con muuucha gente de mi edad y tener en mis manos el título, al día siguiente fue el porrazo a la dura realidad: encontraba a todos mis "compañeritos" tan pero tan pendex. Uf!
En fin, sigo siendo una chica PUC de corazón... y a mucha honra!!







